Tiempos de neblina
En el trascurso de los días, semanas y meses me voy sumiendo poco a poco en un sopor que, me atonta, me convierte en un indolente, en un idiota vanidoso. En un imbécil que se deja simplemente llevar por las naderías de la vida.
Me sucede que en un tic o en un tac del reloj todo regresa estrepitosamente a mi memoria y me hace recordar de donde vengo y que hago aquí.
Es increíble con la facilidad que me esparzo y lo mucho que me cuesta, a veces, recoger mis pedacitos repartidos aquí y allá. Unos dejados a propósito y otros, olvidados por los rincones de tu casa. Caídos, tal vez, bajo tu cama; ese lugar que me llama a susurros constantes y que tanto me cuesta desobedecer. No sé si te estás interponiendo o eres tú parte del camino que quiero recorrer.
No estoy dispuesto a esperar, correré, ahora que tengo lo ojos abiertos, hacia adelante, aunque todo este cubierto de ésta neblina que lo impregna todo. Prefiero la niebla a la oscuridad.
